Por El Erudito del Sangui
A comienzos de la década del 50`, Ramón Eduardo Brizuela decidió que ya era hora que los tucumanos conocieran las delicias que preparaba. Armó un precario local, preparó las milanesas e inauguró un rubro gastronómico que hoy, más de 50 años después, es uno de los más característicos de la provincia. "Cuando mi papá era chico me dijo que se mandaba un apretado de Brizuela todas las semanas", recuerda Santiago. "Siempre que alguien nombra a las milanesas, mi viejo dice lo mismo", agrega este muchacho que heredó el gusto del padre y, que si bien no come todas las semanas, se clava uno por mes seguro.
La avenida Avellaneda está calma. Por la vereda, y cada tanto, un peatón cruza por el ventanal con la misma indiferencia que muchos tucumanos llevan cuando pasan por enfrente de la Casa Histórica. Brizuela, al igual que contados locales de la provincia, es tan tucumano como el sánguche de milanesa. Y gracias a los nutridos años de preparar esta delicia, ocupa un lugar en el imaginario de todo tucumano. "Mi viejo no es tan sanguchero, pero siempre me nombra a Brizuela o a Pepé", comenta Julio. "Y mirá que mi viejo es grande, y conoce Tucumán como pocos", agrega este enamorado de la milanesa completa.
La avenida Avellaneda está calma. Por la vereda, y cada tanto, un peatón cruza por el ventanal con la misma indiferencia que muchos tucumanos llevan cuando pasan por enfrente de la Casa Histórica. Brizuela, al igual que contados locales de la provincia, es tan tucumano como el sánguche de milanesa. Y gracias a los nutridos años de preparar esta delicia, ocupa un lugar en el imaginario de todo tucumano. "Mi viejo no es tan sanguchero, pero siempre me nombra a Brizuela o a Pepé", comenta Julio. "Y mirá que mi viejo es grande, y conoce Tucumán como pocos", agrega este enamorado de la milanesa completa.

